🍽️ La Hostelería: una parte de mi vida

Más de tres décadas trabajando en Hostelería dan para vivir muchas historias: algunas difíciles, otras divertidas y otras que permanecen para siempre en la memoria. Desde aquel primer trabajo en el verano de 1989 hasta hoy, he aprendido el oficio, he conocido a muchísimas personas y he vivido experiencias que forman parte de una etapa muy importante de mi vida.

🍽️ La Hostelería: una parte de mi vida
La Hostelería: una parte de mi vida

Detalles del post

Escrito por: César Tejada

Publicado: 2026/09/12

Actualizado: 2026/09/12

Categoría: Posts Personales

Introducción

Un currículum de Hostelería puede ordenar fechas, enumerar puestos y resumir años de experiencia, pero difícilmente puede explicar todo lo que se aprende después de tantos años y de miles de servicios: anticiparse a lo que necesita un cliente, conservar la calma cuando todo ocurre a la vez, adaptarse a situaciones inesperadas y conseguir que, incluso en los momentos más complicados, quien se sienta a la mesa se sienta bien atendido.

Esta es la historia de cómo aprendí este oficio, de cómo algunas de las experiencias que he vivido me han enseñado a defender determinados valores y de por qué, tantos años después, sigo formando parte de él.

El verano en que empezó todo

Mi historia en Hostelería empezó en el año 1989, cuando, por motivos económicos y debido a la falta de trabajo, decidí buscar empleo como camarero durante los veranos en las playas.

Aprovechando que tenía recursos para disponer de alojamiento y comida en una determinada playa de la Comunidad Valenciana, decidí empezar a buscar trabajo allí durante el verano de 1989. Después de repartir unos cuantos currículums, me llamaron de un restaurante situado cerca de la primera línea de playa. Ese fue mi primer empleo como camarero.

No sabía absolutamente nada del oficio: ni preparar cafés, ni llevar una bandeja, ni servir platos de comida... nada de nada. Empecé totalmente desde cero. Pero se me daba bastante bien, ya que le ponía mucho interés y muchas ganas, y eso hizo que aprendiera bastante rápido.

Pero desde aquel primer trabajo ya empezaron los problemas. La persona para la que trabajaba tenía muy mal carácter, faltaba bastante al respeto y tenía muy mala educación. Pese a darlo todo y aprender rápido, a la semana de estar trabajando me tocó a mí. Empezó a hablarme mal y a faltarme al respeto, y eso es algo que no consiento desde que tengo uso de razón.

Para mí, primero está mi dignidad y mis derechos, y después lo que venga. Así que, en ese mismo instante en que se pasó de la raya conmigo, decidí abandonar el puesto de trabajo y marcharme a buscar otro restaurante en el que trabajar.

Además, ya había adquirido algo de experiencia, aunque fuera muy poca, así que había perdido ese miedo inicial a empezar desde cero. Por ese motivo, no me costó demasiado volver a encontrar trabajo como camarero.

Quiero resaltar que en aquella época se trabajaba normalmente con pantalón negro largo, camisa blanca de manga corta o larga y zapatos. Era una auténtica pesadilla aguantar el calor con aquel uniforme y, además, lo normal era trabajar entre 12 y 14 horas al día, e incluso llegué a trabajar jornadas de hasta 16 horas.

Recuerdo llegar a casa casi llorando después de cada servicio de un montón de horas, por las llagas que me salían en los pies y que apenas me dejaban caminar. Tenía que poner los pies en remojo con agua caliente y sal para poder aguantar el día siguiente. Y así fueron mis primeros veranos en Hostelería.

Desde entonces, no he dejado de trabajar en la Hostelería hasta hoy, en 2026. Y ahora, después de tantos años, puedo decir que la forma de trabajar no se parece en absoluto a como era antes.

✍️ Nota: 

En cuanto a repartir currículums, ya no lo hago. Mi experiencia me ha enseñado que en un currículum puedes poner lo que quieras —aunque luego se verá si es verdad— y que, en diez minutos de prueba, puedes demostrar a un empresario la experiencia que tienes y, sobre todo, si realmente vales para el puesto. Es verdad que en algunas empresas de Hostelería lo exigen sí o sí, pero no me preocupa ni pienso perder el tiempo rellenando papeles cuando, como he dicho, en un breve periodo de tiempo puedes dejar claro lo que vales. Así que, en los casos en los que requieren currículum obligatoriamente, simplemente los descarto y sigo buscando otros sitios, ya que la mayoría acepta una prueba y eso les sirve para comprobar cómo trabajas.

Mis malas experiencias en Hostelería

En Hostelería he vivido demasiadas veces situaciones similares por parte de muchos empresarios: falta de respeto, humillaciones públicas, mala educación, aprovechamiento de la situación —es decir, de la necesidad de encontrar trabajo—, declarar menos días de cotización de los que realmente he trabajado, pagarme un sueldo inferior al establecido por el convenio de hostelería de la Comunidad Valenciana y muchas cosas más.

Quiero dejar claro que todo esto lo he visto hacer con muchos trabajadores, pero también me ha pasado a mí. Y así quiero que conste, porque hablo desde mi propia experiencia personal.

También cabe destacar el comportamiento de algunos compañeros con los que he trabajado a lo largo de estos años. Algunos se comportaban como si el día de mañana fueran a heredar la empresa o algo parecido, imponiéndose sobre mí como si fueran los propios dueños del local, cuando en realidad eran trabajadores igual que yo. La única diferencia era que llevaban más tiempo allí, nada más.

Y es que enseñar a quien acaba de llegar es una cosa y tratarlo como si valiera menos es otra muy distinta. Cuando esa diferencia no se entiende, el ambiente se deteriora y hasta el mejor trabajo termina haciéndose imposible.

Durante mucho tiempo soporté más de lo que debía. Después aprendí a reconocer antes esas situaciones, a poner límites y, cuando no existe otra solución, a buscar un lugar donde sea posible trabajar con respeto. No considero que marcharse sea fracasar. A veces es la forma más sensata de protegerse y de continuar avanzando.

Estas experiencias me han dejado una cosa muy clara: se puede exigir, corregir y dirigir un equipo sin humillar a nadie. La profesionalidad no consiste únicamente en que el servicio salga adelante; también se mide en la forma en que las personas se tratan mientras lo hacen.

Y así, entre unos y otros, no hay manera de permanecer mucho tiempo en el mismo trabajo.

✍️ Nota: 

No todo son malas experiencias. También he tenido muchas muy buenas, y de ellas hablaré más adelante, en la sección dedicada a mis buenas experiencias.

Anécdotas horribles

Un lugar aterrador

Esta historia empezó un día "Kualquiera" en un bar, mientras nos tomábamos unas cervezas un amigo, su novia y yo.

La novia de mi amigo, que sabía que en aquel momento estaba parado y buscando trabajo, me trajo un diario y me dijo:

—Mira lo que he encontrado en este diario.

Resulta que era una oferta de trabajo como camarero en la que se incluían alojamiento y comida, además de un buen sueldo.

En ese momento llamé al teléfono que aparecía en el diario y conseguí contactar con la persona en cuestión. Me dijo que, si estaba dispuesto a trabajar, me explicaría cómo llegar hasta el lugar para empezar de inmediato.

Se trataba de un sitio del interior y, además, estaba fuera de la Comunidad Valenciana, por lo que me pareció una aventura interesante. Le dije que sí, que me interesaba el trabajo.

El día que me indicó, cogí un tren y me puse en marcha. Una vez llegué al lugar y bajé del tren, me encontré con la persona en cuestión y con otras dos personas que habían acudido, al igual que yo, a través de la misma oferta publicada en el diario.

Entonces nos dijo que subiéramos al coche para acercarnos a dejar nuestras cosas personales y después ir al trabajo.

Pero, de entrada, no fuimos al lugar donde debíamos alojarnos. Nos llevó directamente al lugar donde debíamos trabajar y empezar de inmediato. Eso ya me pareció algo extraño y fuera de lo normal, pero, en fin, así fue.

Una vez nos pusimos en marcha, a medida que avanzábamos y nos alejábamos cada vez más de la población, yo me preguntaba:

¿Dónde demonios nos lleva este tío?

Cuando estábamos llegando al lugar, después de un largo trayecto, todavía me sorprendí más al ver el sitio que nos señaló la persona que nos llevaba como el lugar donde íbamos a trabajar.

Resulta que, en medio de la nada, había una enorme construcción muy iluminada que, al mismo tiempo, en vez de parecerse a un restaurante tal y como los conocemos, más bien parecía Fort Knox.

Dentro de mí ya me imaginaba qué clase de lugar podía ser aquello.

Al llegar por fin, aparcó el coche en un parking y nos dijo que lo acompañáramos. Cuando entramos, nos indicó que dejáramos nuestras cosas en una especie de sala de descanso para el personal y nos llevó directamente a nuestros puestos de trabajo.

Fue entonces cuando salí de dudas y supe exactamente dónde me encontraba: en un lugar al que llamaré "lugar de compañía", por llamarlo de alguna manera.

En cuanto a mi puesto, solo puedo decir que me tocó trabajar en la barra de una espectacular terraza, la cual no voy a describir con detalle. También presencié y "participé en la preparación" de espectáculos impresionantes en directo, de los cuales tampoco voy a entrar en detalles.

También me sorprendieron muchísimo algunas de las condiciones del lugar y determinadas normas personales que me impusieron en cuanto a mi trabajo allí, de las que tampoco voy a entrar en detalles.

Por otro lado, debo mencionar que se portaron bien conmigo y cumplieron en cuanto al jornal, la comida y el alojamiento, tal y como se prometía en la oferta.

Esta experiencia me enseñó que podía adaptarme a un entorno completamente desconocido, incorporarme sin apenas transición y responder con profesionalidad incluso cuando nada se parecía a lo que esperaba encontrar.

Fue una experiencia única que nunca antes había vivido y que, de hecho, jamás volveré a repetir. Fue una auténtica pasada y, al mismo tiempo, algo aterrador.

En fin, solo es una parte más de mi historia y de mis experiencias en la Hostelería.

✍️ Nota:

Quiero dejar bien claro que, en cuanto a algunas de las condiciones del lugar, determinadas normas personales que me impusieron y los espectáculos en directo, no he revelado absolutamente nada que permita identificar de forma explícita a personas o lugares. Únicamente he mencionado estas cuestiones como parte de una experiencia que viví personalmente.

Unas Fallas angustiosas

En otra ocasión, buscando trabajo como camarero, me dieron trabajo en un restaurante del interior de la Comunidad Valenciana.

Era un lugar algo especial, diferente de otros restaurantes en los que había trabajado. Me refiero a que funcionaba más bien como una comunidad de socios que dirigían el negocio y que, según tenía entendido, cada diez años otorgaban el alquiler del establecimiento a un particular para que lo llevara.

Respecto al lugar en cuestión, me llevaba bien con la persona que me contrató y con mis compañeros. Sin embargo, la angustia se producía cada día en el trayecto durante las Fallas, puesto que coger el tren para llegar al trabajo se convertía en una auténtica pesadilla.

Los trenes iban tan llenos que, en una ocasión, pasé varias estaciones de pie, aplastado contra la puerta, con la cabeza literalmente pegada a la ventana. Estuve en esa postura hasta que, más adelante, algunos viajeros bajaron del tren y dejaron un pequeño espacio.

La situación llegaba a ser tan extrema que presencié mucha violencia, hasta el punto de que en alguna ocasión los pasajeros llegaron casi a las manos entre ellos. Unos querían subir al tren mientras otros se encontraban situados en la misma puerta y no podían moverse porque el vagón estaba completamente lleno.

Aquella pesadilla se repetía día tras día durante todo el periodo que duraron las Fallas.

Yo me preguntaba:

¿Es que las personas no tienen ojos para ver lo que está pasando y que no cabe más gente en el tren?

O quizá:

¿Es que les daba lo mismo y, aun así, querían subir?

Era una auténtica locura. Había momentos en los que intentaban entrar de todas formas, empujando violentamente a las personas que estaban en la puerta hacia dentro, como si sus vidas dependieran de ello.

Fue algo brutal y muy real.

Estuve dos o tres días levantándome más temprano para ver si, de esa forma, había menos gente y podía subir al tren sin temor a que me aplastasen o me tirasen del vagón para que pudieran subir otros.

Pero no hubo manera. Fuera la hora que fuera, el tren estaba llenísimo de gente.

Y, por supuesto, lo que no iba a hacer era levantarme a las cinco de la mañana para coger el primer tren y estar horas dando vueltas por el lugar hasta la hora de entrar a trabajar.

Aunque reconozco que se me pasó por la cabeza, con tal de no volver a pasar por aquella situación angustiosa cada día. Pero qué va. Antes de hacer eso, me habría dejado el trabajo, habría buscado otro y ya está.

En fin, no sé ni yo cómo llegué a aguantar aquella pesadilla durante las Fallas.

Pero una cosa sí tengo clara: a no ser que sea una emergencia, en Fallas no cojo un tren ni soñando.

Un asunto judicial

En este caso, se trata de un restaurante del interior en el que he trabajado y del que no quiero dar detalles.

Únicamente diré que actualmente en 2026, estoy a la espera de un acto de conciliación y que, en caso de no solucionarse el problema amistosamente, se irá a juicio.

Esto se debe a una situación relacionada con el incumplimiento de determinadas obligaciones por parte del empresario. En este caso concreto, se me debe dinero que considero que me corresponde legalmente.

Así que, como he mencionado anteriormente, tengo mi dignidad y también tengo mis derechos. Por lo tanto, voy a hacer uso de ellos.

Ya está bien de dejar pasar cosas que no se deben consentir.

Mis buenas experiencias en Hostelería

Así como he tenido muy malas experiencias por un lado, también quiero mencionar que he tenido muchas buenas experiencias en Hostelería.

La más bonita de todas es la experiencia de ver crecer a familias que han sido clientes habituales en algunos de los lugares en los que he trabajado.

Es decir, ver a unos padres con sus hijos jóvenes, ver cómo han crecido después de unos años y, con el paso del tiempo, volver a ver a esos mismos padres acompañados por sus hijos y por los nietos que les han dado.

Es algo muy emotivo y que, con el paso del tiempo, acaba convirtiéndose en una relación casi familiar, llena de cariño.

La pena es que los años pasan volando y las personas nos hacemos mayores muy deprisa. Como consecuencia, a la mayoría de aquellas personas que me llenaban de alegría ya no las he vuelto a ver. Y, en cuanto a otras, ni siquiera sé si hoy en día las reconocería. Pero me quedo con unos recuerdos maravillosos de todos aquellos momentos que pasé con ellos.

Otra cosa que me llena muchísimo y me motiva a continuar en la Hostelería son los halagos que me han hecho —y continúan haciéndome actualmente— muchos clientes a los que he tenido el placer de atender y servir.

Algunas de las cosas que me han dicho son:

  • "Qué trabajador eres."
  • "Qué atento eres."
  • "Qué rápido trabajas."
  • "Se nota que tienes experiencia."
  • "Estamos muy contentos de cómo nos has atendido."
  • "Menos mal que estás tú aquí."

Y muchas cosas más.

Una de las últimas que me han dicho, y que me hizo mucha gracia, fue:

"¿Cuántas camisetas llevas?"

Y es que este verano de 2026 ha sido un infierno de calor y me obligaba a cambiarme tres y hasta cuatro veces durante el servicio, ¡y eso que era por las noches! 😂

También me llenan de alegría las conversaciones que he tenido y sigo teniendo hoy por hoy con algunos clientes a los que he atendido a lo largo de estos años.

Por otro lado he recibido abrazos, regalos y muestras de cariño que no figuran en ninguna nómina, pero que dejan una huella profunda. Y he conocido empresarios y compañeros que me han tratado con respeto, han confiado en mí y han sabido valorar mi trabajo.

Todo ello me ha motivado y ayudado muchísimo a continuar en la Hostelería, dándolo todo con mucho cariño, ganas y alegría.

Hoy por hoy, en 2026, después de tantos años, sigo visitando con mucho cariño a algunas de esas buenas personas con las que he trabajado. Y sé que, después de un tiempo, visitaré con la misma alegría y el mismo cariño a otras buenas personas para las que he trabajado recientemente.

Esas personas son la razón por la que no quiero quedarme únicamente con lo malo. Me recuerdan que un buen ambiente de trabajo existe y que la Hostelería puede ser también un lugar maravilloso.

Anécdota interesante

Una de las cosas más maravillosas que me han pasado en la Hostelería fue tomar la decisión de dar mis primeros pasos como baterista profesional gracias a la motivación que me dieron mi jefe y mis compañeros en el restaurante donde trabajaba, a través de un regalo de cumpleaños.

Fue un momento muy especial que terminó marcando el comienzo de otra de mis grandes pasiones.

Toda esta historia puedes leerla completa en el artículo que he dedicado a mi pasión por la batería, titulado: De un restaurante a la habitación insonorizada.

Conclusión

Después de tantos años trabajando en Hostelería, puedo decir que mi historia ha tenido absolutamente de todo.

He vivido momentos muy duros, situaciones que jamás debería haber tenido que soportar y experiencias que me han hecho aprender a defender mi dignidad, mis derechos y mi manera de ser.

También he conocido personas que me han hecho pasar malos momentos, tanto empresarios como compañeros, pero no quiero quedarme únicamente con esa parte de la historia. Porque también he conocido a personas maravillosas.

He visto crecer a familias enteras, he recibido muestras de cariño de clientes, he escuchado palabras que me han hecho sentir orgulloso de mi trabajo y he conocido a algunos empresarios que realmente han sabido valorar a las personas que trabajaban para ellos.

Después de más de tres décadas, creo que eso también forma parte de lo que significa trabajar en Hostelería: no solo servir mesas, preparar cafés o atender a clientes. También significa convivir con personas, compartir momentos, aguantar días muy duros y, algunas veces, llevarte contigo recuerdos que permanecen durante muchos años.

Desde aquel primer verano de 1989, cuando no sabía absolutamente nada del oficio y empecé desde cero, hasta este año 2026, han pasado muchísimas cosas.

He aprendido, he sufrido, he disfrutado, me he equivocado, he conocido a muchísima gente y, sobre todo, he acumulado una enorme cantidad de experiencias.

Y después de todo este tiempo, sigo aquí.

Quizá porque, a pesar de todo lo malo, también existe una parte de la Hostelería que me gusta: el trato con las personas, sentir que haces bien tu trabajo y saber que, de alguna manera, formas parte de la vida cotidiana de muchas de ellas.

Así que esta no es simplemente la historia de un trabajo.

Es la historia de una parte muy importante de mi vida.

Y quién sabe... después de tantos años, quizá todavía me queden muchas experiencias más por contar.

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